A mi madre, “una mamá estupenda”.
Tengo una legaña en el ojo y mi madre corre mucho para que podamos llegar a tiempo al colegio. Su enorme culo se bambolea con ligereza, mientras avanza a la velocidad del rayo. Yo voy como cola de cometa a un lado y a otro, pegando saltos atropelladamente.
Mi mamá no es como las demás madres. Mi mamá es una señora inmensa, estupenda, más grande que ninguna madre y de color chocolate. Yo también soy de color chocolate, por eso me llaman en el cole “Chocolate”, a veces también me llaman “negro”, pero la seño dice que así está mal dicho. Mi mamá es lo más. A veces voy por la calle y veo la cara de susto de la gente al ver a esta madre imponente que tengo. En el autobús, un par de culazos bastan para que encontremos sitios donde sentarnos. En nuestra escalera, en el edificio donde vivimos, hay una señora muy antipática que siempre nos mira por encima del hombro. Una sola mirada de mi madre es suficiente para que huya despavorida a su casa.
Mi mamá es una señora genial. Trabaja en una casa inmensa, con mucho polvo y pelusilla. Ella, en un plis-plas, la deja reluciente como los chorros del oro. Le dan millones por eso. Yo creo que pronto nos haremos ricos. Volveremos al pueblo de mi mamá y todos nos saludaran con respeto.
El pueblo de mi mamá está muy lejos, más allá de mares y desiertos, por eso es que mi mamá y yo no podemos ir allá los fines de semana o las vacaciones, como hacen los demás niños. A veces mi mamá está triste y llora, es porque echa de menos a su familia. Otras veces, está muy alegre, sobretodo cuando nos vamos a casa de sus amigas, entonces cantan y bailan y hacen comidas con ingredientes mágicos y especiales que hacen que sus comidas sean magníficas y deliciosas. Entonces hablan de su país, un lugar lejanísimo donde hay otras músicas y otras lenguas y otros bailes y otras danzas. Debe ser un lugar fantástico.
Mi mamá es una mamá genial, aunque a veces vaya demasiado deprisa y yo me deslice como cola de cometa a velocidad del rayo en dirección al colegio.