Cuando paseo por mis recuerdos más tiernos me encuentro esos momentos que siento amables en el leve caminar por la vereda izquierda de mi corazón. Me sitúo en ella y pronto, aquí y allá, mis divagaciones me limpian el alma y respiro, hondamente, para sentirme orgullosa de ser simiente insertada en la comunal tarea de sostener principios hacedores de sentir roja la vida. Oigo ruidos en la vereda izquierda de mi calle y en ese instante veo a los amigos que me esperan. Date prisa, Carolina, que tenemos todavía mucho que sentir.