Archivos de la categoría Relatos

Relatos

Sólo quiero que me quieras

Aunque te sienta por encima

Aunque te sientas por debajo

Sólo quiero que me quieras

Por delante, a la cara

Por detrás, a mis espaldas

Sólo quiero que me quieras

Con todo tu corazón

Con todo tu cuerpo

Con tu alma

Bien, mal, regular

Da igual

Sólo quiero que me quieras

History in the air (Relato)

Hugo Lorenzo había regalado un ramo de narcisos, de color amarillo sol, a Sofía Loreto quien, con gran esmero, había preparado aquellos siete suculentos buñuelos de viento azucarados.

– Seis son para ti, Hugo.

– ¿Y te vas a conformar con comer solamente uno, Sofía?

– Para mí es mucho más agradable ver cómo te comes tú los seis y yo te acompaño con uno que para mí valen más que cien.

En la casa de Sofía Loreto, en plena calle madrileña de Serrano, nunca faltaba de nada.

– Siempre he dicho que las mujeres millonarias tenéis unas formas de actuar bien extrañas.

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MARGARITAS

Un joven muchacho paseaba por un campo repleto de margaritas, cogió una de ellas y empezó a deshojar sus pétalos como aquel que va restándole horas a un reloj. Le fue quitando la belleza, le quitó su color, también su alegría,su ternura,su fragilidad a la vez que le iba dejando melancolía, frío,silencio, oscuridad, soledad …Y cuando ya le había arrancado todos sus pétalos, con el tallo entre los dedos observó lo poco que ya quedaba de aquella flor. Las lágrimas comenzaron a brotar. Se había deshojado el corazón.

confesiones

Resbala tu lengua por todo mi cuerpo, la ropa a trozos. Sudor y saliva. Las cortinas descolgadas, algunos muebles por el suelo.
Tu cuerpo sobre mi cuerpo. Mi cuerpo contra la pared y yo sin pedir tregua y tu sin piedad.
A media luz nuestras sombras nos persiguen, mientras nos apresuramos en tocarnos, en sentirnos, apretarnos.
Tu empujas, yo respiro. Tus labios en mi oreja mientras me susurras, dios sabe qué, con una voz ronca y templada.
Me derrito y tu lo notas. Me agarras, me sostienes, me intimidas.
Caemos exaustos al suelo, pero esto no ha acabado y lo sabes.
Te miro, me miras, y con una sonrisa en la cara te sujeto las manos. Ahora mi objetivo es tu cuello, tus hombros.
Llámale besos a los muerdos que te doy mientras tiritas. Apenas puedo inmovilizarte asi que me ayudo de la ropa a tiras que hay por el suelo y te ato. Eres todo mio, todo par mi.
Lo que antes era el cuello y los hombros, ahora es tu torso, tu abdomen, tu cadera, mis mordirdiscos y mi lengua. Que juegan a ver como soportas el placer, haciendote sufrir.
Te oigo respirar y eso me acelera, me lo pides y lo hago. Y rebosamos ambos en un placer tan intenso que casi nos sentimos culpables.
Me deshago sobre ti dejandome caer en tu pecho, luego nos besamos sin apenas poder respirar, y respiramos.

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El Molino de Calabria (Novela) -Capítulo 2-

Estábamos los dos en el Paddy’s tomando los enamorados sin alcohol.

– ¿Qué lleva esto, Giuseppe?

– Lima concentrada, zumo de arándanos y sirope de mango. Se llaman enamorados.

Ella se quedó pensativa antes de seguir…

– Hablando de enamorados… ¿sabes que desde muy niña tenía muchos deseos de ser monja?

– No sigas. ¿Estuviste estudiando con las carmelitas descalzas antes de llegar a la Universidad?

– Exacto. Las veía tan puras que quería ser como ellas.

– Supongamos que sean tan puras como aparentan ser, aunque permíteme que lo dude en cuanto a todas.

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El Molino de Calabria (Novela) Capítulo 1

A las tres de la mañana me despertó el ruido de una tremenda discusión que provenía de la calle. Me levanté rápidamente de la cama y, vestido solamente con el calzoncillo, me asomé a la ventana del Hotel Casa Ponziana BB. Quienes discutían, acaloradamente, eran el banquero Germano Bisi, que llevaba colgadas de sus brazos, a Berta Colini y Roberta Fena, y Paolo, más conocido en el mundo del hampa calabresa, como “Nostradamus” por su enfermiza manera de querer adivinar el futuro de toda persona que se hicese amigo o amiga de él.

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El Molino de Calabria (Novela)-Personajes- corregido

El Molino de Calabria.

Personajes:

Germano Bisi (Banquero)
Elsa Brandi (Secretaria de Bisi)
Berta Colini (Cabaretera del Molino)
Horacio Craignone (Amigo íntimo de Roberta Fena)
Etna Curti (Esposa de Germano Bisi)
Marco Curti (Gerente de Banca y hermano de Etna Curti)
Roberta Fena (Cabaretera del Molino)
“Colgate” (Padrino de la mafia calabresa)
Emiliano Halcón (Mano derecha de “Colgate”)
Giuseppe Oreto (Periodista de “Il Giornale di Calabria”)
Don Aldo Lame (Propietario del Molino)
Paolo “Nostradamus” (Joven enamorado de Roberta Fena)
Pelikan (Detective)
Pietra Rondella (Cabaretera del Molino)
Rosalinda Este (Periodista de “Il Giornale di Calabria”)
Silas Rossi (Acaudado financiero)
Archibaldo Samitti (Comisario Jefe de Catanzaro)
Maria Elena Vito (Esposa de Silas Rossi)

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Licencia para ensoñar

Bajo la suave luz de la mañana, la cruz conquista el espacio. Acaban de abrirse las margaritas y un centenar de ellas colorean el bronceado campo donde los primeros rayos de sol, cuales minuciosos libros de la naturaleza, perfilan las siluetas de los álamos en las cristalinas aguas del riachuelo. Como metáforas mil veces reinterpretadas, las rocas semejan estilizaciones de variadas confluencias. El puente, como un enloquecido personaje de mayo, parece viajar a través del tiempo. La horadada cueva es una extrapolada organización de piezas empeñadas en ver cómo pasa la vida minuciosamente dispuesta. El ambiente de los círculos del agua, que forman el viento sobre la superficie, son cantos literarios creados por los efectos naturales del sorprendente discurrir de la mañana. Todo llega desde un destino similar a la épica construcción que resume el paisaje de exposición infinita. Un paisaje que lleva ya siglos al servicio de los oníricos amaneceres. Cincuenta siglos recorriendo la luz la travesía de la fantasía.

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Con divisa verde y blanca (Teatro) -Escena V – (CORREGIDO)

Personajes:

Don Minervo
Bolita
Alumnos y alumnas
Don Pío
Arturo

Escenario.- Aula del Colegio de Calaña. A la derecha del escenario se encuentra la mesa de Don Minervo quien está sentado en su cómodo sillón mientras a su lado izquierdo hay una silla vacía. Detrás de él se ve una pizarra negra donde ha escrito, con mayúsculas, la palabra HUSO con tiza blanca. Todas los pupitres están ocupados por sus alumnos y alumnas de 18 años de edad. Entre ellos se encuentra Bolita. A la izquierda del escenario está la cruz del cristianismo y muy cerca de ella se encuentran las banderas de España, Andalucía y Calaña.

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Es un día de agosto

Es un día de agosto. De cualquier año después de Jesucristo. Rodeado por las fanáticas, los dos hijos de Don Rosendo intentan llegar hasta la fuente. El sol aprieta. Están sedientos y llegar hasta la fuente parece cosa imposible. Poco a poco se van convenciendo de que ha sido una muy mala idea acudir a Valverde del Camino. Pero ya es demasiado tarde para arrepentirse. No les queda más remedio que seguir intentando escapar de aquella jauría humana que se ha desatado como un verdadero vendaval. El sol sigue apretando y la sed parece ya infinita. Es como una lucha sin cuartel mientras va cayendo la tarde. El cielo, azul plomizo, sirve para recordar…

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Nicolasa

Hace días, tiempo semanas, que no veo a Nicolasa, semanas ha que no.
Y las tardes aburridas en ellas algún pájaro cantor subido en, y cantando, y a la señora ya no más vista he.
Y antes sí, de tanto en tanto, frecuente, sí, vista, y con su mirada de perdida, de persona algo ida, subida en, extraviada, y con un colgante en, e incluso a veces con un carrito pequeño lleno de.
Me detengo a pensar y veo el recuerdo proyectado en la pantalla.
A veces inclusive sentada he la.
¿Dónde?
Pues en el banco de la esquina, hay tantos. Pero Nicolasa se sentaba en el de la esquina.
El banco al raso que habita tieso cerca del banco donde cobraba su pensión de invalidez.
Y ella en la vida y en el ocio ella, entretanto, en el banco, respaldo de madera, en el cuál sentada mirando el pasar de quienes caminaban entonces.
Se hacía algo alargada en el hablar, cada vez que.
No paraba de hablar.
Y la cabeza, la testa como un bombo, de palabras y más palabras tantas, hasta llenar la mente de pesadez; y uno debía cortar por lo sano y a otra cosa, con suavidad, porque a Nicolasa le encantaba hablar y hablar hasta poner la cabeza como un bombo.
Y tiempo ha que no.
Ya no más.
¡Hasta luego!, me dijo la escuché por última vez una tarde por allá lejana, de esas tardes que figuran gravadas en el ayer, y lo era aburrida la tarde con nubes fingiendo distraídas, con movimientos pacientes como perro de aguas, y han pasado los tiempos semanales, y no, ya no más la he, y aquella fue su última frase, y últimos gestos y pequeños desvaríos.

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Seres peligrosos (Novela y Guión Cine)

– ¿Que te parece este asunto, Jon?- Desde un principio lo veo un poco anormal del todo. Hay, al menos, tres cuestiones que no son lógicas, Frank.

La mañana se había presentado bastante brumosa en la ciudad de Amarillo, mientras hablaban el comandante Frank Captain General y el capitán Jon Richards Bach.

– Cuenta, Jon.

– En primer lugar, según cuenta el sargento Gafitas, cuando ese desconocido joven disparó al teniente Gafotas, él se arrojó al suelo y se golpeó con la mandíbula derecha quedando inconsciente del todo; pero según el informe que nos pasa el doctor Diago Morals Poultice, al hacerle el pertinente chequeo médico resulta que presenta una dislocación de la muñeca derecha debido a una enorme presión sobre ella, una fuerte fractura en el mentón izquierdo, daños importantes en los riñones producidos por algún golpe recibido en la tripa a la altura de los mismos y ¡asómbrate más, Frank!, la espalda completamente magullada. ¿Cómo es posibe todo eso si cayó de frente?

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Seres peligrosos (Novela y Guión Cine) Capítulo 2

– ¡Qué pasa aquí! ¿Puedo saber qué pasa aquí?

– ¡Han matado al teniente Gafotas, mi comandante!

– ¡Dígame señor Don Frank Captain General cuando se dirija a mí, sargento Gafitas! ¿Puede ya alguien decirme qué pasa aquí?

– ¡Yo se lo puedo decir, Señor!

-¿Quién es usted?

– Antoine Seder Aram, dueño de este motel.

– ¿Es usted de orígenes judíos?

– Por parte de padre y madre, pero he nacido y me he criado aquí, en Amarillo.

– ¿Y esta mujer quién es?

– Mi querida Louise Lane Gascoigne.

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Seres peligrosos (Novela y Guión Literario para Cine)

Cuando Joseph Gold Road San Vincent aparcó su Buick La Crosse rojo, modelo del 2008, en el aparcamiento del Motel Travelodge, en el 2035 de la Paramount Boulevard de Amarillo, en el Estado de Texas, miró su reloj de pulsera, comprobó que eran ya las 10 de la noche y se sintió cansado.

– Necesito tomar algo porque estoy medio dormido y todavía me queda un largo camino -pensó.

Así que Joseph salió del automóvil y se dirigió hacia la entrada del motel. Al entrar en el bar, sólo encontró a una jovencita sentada ante una de las mesas. Pero ¡qué jovencita!. Era la chavala más impresionante que había visto en su experimentada vida de escritor errante y eso que ya había dado varias vueltas al mundo. ¡Impresionante! ¡Verdaderamente impresionante la belleza de su rostro sensual y un cuerpo que se adivinaba escultural y mil por mil sexy! Pensó que no era un ser humano sino un ángel bajado del cielo y se acercó a ella para comprobarlo.

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Seis almas solitarias (Teatro)

Personajes:

Lui (100 años de edad)
Gi (80 años de edad)
Pi (60 años de edad)
Ran (40 años de edad)
De (20 años de edad)
Llo (10 años de edad)

Escenario:

Solamente un banquillo de madera alargado donde se encuentran sentados los seis personajes desde izquierda a derecha por orden de edades de mayor a menor.

Lui.- Soledad, etapa final de todo mi trayecto.
Gi.- Soledad, búsqueda continua de esta mi existencia.
Pi.- Soledad, encuentro imprevisto de mi vida.
Ran.- Soledad, incógnita habida en mis búsquedas.
De.- Soledad, hallazgo impasible en mis caminos.
Llo.- Soledad, incógnita de cualquier principio.

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Will (Novela de Ciencia Ficción, Cómic y Guión Cine)

El Paseo de las Bellotas era un verdadero laberinto de estrechos senderos abiertos entre una vastísima extensión de belloteros por entre los cuales caminaban, lentamente, Katy Monroe y Charles Pardue.

– ¡Está loco, Katy! ¡Está totalmente loco!
– Ya sé que ese tal Emperador Gritón I de Orangina está loco del todo, Charly.
– No me refiero a ese energúmeno de emperador sino a nuestro capitán.
– ¡No te permito que vuelvas a decirme eso de Thierry! ¡Si quieres seguir comunicándote conmigo deja de decir esa estupidez! ¡Eso se lo cuentas a alguna ignorante de las muchas que existen, por desgracia, sobre la Tierra! Y bajemos, por favor, el volumen de nuestras voces
– Escucha, Katy… nuestro capitán Thierry Terry no solamente está completamente loco sino que nos está volviendo locos a ti y a mí. ¿Tú crees que tenemos alguna probabilidad de salvar nuestras vidas?
– Según los matemáticos cálculos de probabilidades no tenemos ninguna, Charly.
– Entonces… ¿por qué no permitió que nos auto destruyéramos para evitar ser devorados por estos monstruosos y abominables seres?
– ¿Y quién te dice a ti que son carnívoros? ¡Quizás sólo se alimenten de ese repugnante soma!
– De todas formas nos van a liquidar. ¿Crees que es normal lo que hace nuestro capitán sabiendo que nos van a liquidar de un momento a otro?
– No lo sé, Charly… pero quizás es porque resulta ser demasiado grande…
– ¿Demasiado grande cuándo sólo nos ha conducido a este desastre?
– Charly, no sigas hablando tan mal de Thierry. Él no tiene ninguna culpa de que Will sufriese averías en sus generadores de energía y que fallase todo el sistema de comunicación con los de Tierra. Si quieres buscar a algún culpable hazlo entre los científicos e ingenieros que construyeron nuestra nave. ¿No crees que sería lo más justo?
-¿Lo más justo? ¿De qué nos sirve ahora a nosotros saber lo que es má justo o lo que es más injusto? La única verdad es que mañana ya no existiremos…
– Mañana… mañana… ¿qué sabes tú de nuestro mañana?…
– ¿Pero no te das cuenta de que ese monstruoso ser que se llama a sí mismo Emperador de Orangina ha engañado por completo y lamentablemente a nuestro capitán que, dicho sea de paso, se ha dejado engañar?
– Estoy segura de que Thierry sabe que Gritón I le ha engañado.
– Entonces… ¿por qué no eligió la mejor opción de todas?
– ¿Cuál hubiese sido la mejor opción te todas según tu opinión?
– Auto destruírnos para no tener que vivir este sacrificio del cuál nosotros vamos a ser las víctimas ante el jolgorio de todos los oranginos.
– No lo llego a entender bien del todo.
– Ni yo tampoco, Katy. Menos mal que coincidimos en algo. Ni tú ni yo podemos entenderlo luego ya tenemos algo en común. ¿Te das cuenta ahora de que nuestro capitán está loco del todo? Cualquier ser humano que esté en su sano juicio habría elegido auto destruírse en lugar de entregarse él y de paso entregarnos a nosotros como corderos sin ninguna clase de salvación.
– Quizás sea porque Thierry Terry no es un cualquiera.
– ¿Quién se cree que es para jugar con nuestras vidas de esta manera tan lamentable?
– Sabe que sólo es un capitán; pero yo le considero mucho más que un capitán. Para mí es un gran capitán y no un capitán simple. El mejor capitán que he conocido en mi vida.
– Le admiras demasiado, Katy, pero la Historia de la Humanidad nos ha demostrado una y mil veces ya que los terrícolas hemos llegado hasta a adorar a demasiados locos. Si estudias a fondo toda la Historia de la Humanidad resulta que sus páginas están llenas de famosos líderes que estaban totalmente enloquecidos y llevaron a sus pueblos al desastre.
– Thierry no es un líder como los demás.
– Hablemos en serio, Katy. Vuelvo a la misma pregunta de siempre. ¿Cuántas probabilidades tenemos de seguir con vida cuando el pueblo de los oranginos ya ha dado su veredicto y nos van a matar sin ninguna clase de remordimientos y sin ninguna clase de razón?
– Vuelvo a repetir que, según el matemático cálculo de probabilidades, y tal como está la situación en estos momentos, no tenemos ninguna posibilidad de virvir más allá de unas pocas horas, pero Thierry es diferente.
– ¿Qué le hace diferente a los demás? Yo no veo en él más que a un loco que no sabe ya ni dónde se encuentra ni lo que hace…
– Razona un poco antes de hablar, Charly. Mientras nosotros dos hemos rechazado por completo beber y comer de esa apestosa bazofia de bellotas él está bebiendo y comiendo de ella y guardando un total silencio. ¿Tú hubieses hecho lo mismo?
– Por supuesto que no. Ni por todo el oro del mundo.
– ¿Entonces qué deduces tú?
– Que no tiene ningún sentido alguno salvo hacer que Gritón I siga sintiéndose superior por aceptarlo. Lo más valiente es renunciar a cumplir los caprichos de ese monstruoso animal que sólo sirve para gritar su enorme importancia.
– Ni tú ni yo lo aceptaríamos, pero él sí. ¿Por qué nuestro capitán Thierry está aceptando ese tan grande sacrificio?
– Explícamelo tú que tanto confías en él aunque ya esté todo perdido. Yo no puedo entenderlo. Si sabe que Gritón I le ha engañado y le sigue engañando porque no tenemos ninguna posibilidad de salvar nuestras vidas no comprendo por qué lo está haciendo.
– En el silencio de Thierry exsite alguna razón impenetrable. De un billón de probabilidades no encuentro ni tan siquiera una para salir vivos de esta aventura pero él la sigue buscando…
– ¿Y no es eso estar loco del todo? ¿No es una locura buscar una probabilidad que no existe?
– Durante nuestro viaje ya logró encontrar una cuando no existía ninguna. ¿Por qué no puede suceder otra vez un milagro como ese?
– ¿Dos milagros en un sólo día? No me hagas reír, ingenua teniente, porque el asunto es demasiado trágico y hasta patético del todo.
– De momento ya ha conseguido algo increíble. Ha logrado que no nos cortasen la cabeza y que podamos vivir unas cuantas horas más teniendo la oportunidad de conocernos mucho mejor tú y yo. Yo a eso lo llamo grandeza por la cantidad de generosidad que representa tal acción.
– Entonces hablemos de nosotros dos, Katy. A mí me pasa lo mismo que a él. No entiendo por qué estás trabajando en este peligroso oficio de ser teniente de cosmonautas cuando podrías estar trabajando de modelo o como artista de cine o simplemente vivir sin ninguna clase de sufrimiento por ser multimillonaria. No lo entiendo.
– Para entender a una mujer como yo es necesario fijarse en algo mucho más profundo de lo que se ve con los ojos de los demás. ¿Te has preguntado alguna vez a ti mismo qué puede suceder en el interior de una jovencita que se niega a aceptar el conformismo social?
– No me digas ahora que eres una incoformista.
– ¿Es que para ser incoformista hay que ser alguien como tú, Charly?

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Verdades

Si supiera por donde comenzar, y de qué manera continuar este renglón, quizá no estaría escribiendo…
te lo diría cerca del oído algo parecido a un susurro…iniciaría cerrando tus ojos suavemente, deslizando el dedo como tratando de perfeccionar una caricia infinita, algo que comenzara en tu mejilla y trazara el camino sobre tus labios deslizándose a través de tu cuello…Te amo…

Quizá a consecuencia del escalofrío de la voz recorriendo las cavidades del oído, no descifres el mensaje, TE amo repetiría

Supongo que lo decidí inconscientemente, mientras dibujo tu oído con los labios explico…

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Ruptura (Debo aclarar lo aquí leído lleva lugar y fecha nombre y apellido)

Así transcurrieron los días, como algo que carece de sentido
Es como si todo estuviera vacío, como si el mundo fuera inmensamente grande y esto que existe no alcanzara a cubrir todo ese espacio…es tan desconcertante.
Solo hay silencio e imágenes tuyas que recorren todos los sitios, puedo verte ahora mismo mientras escribo esto al otro lado sentada inclinando la cabeza, guiñándome el ojo y yo vuelvo a mirar este ordenador que no es como el otro, y regreso a la realidad…
Te he dicho que te quiero…
Te quiero para andar juntos en la hora muerta de la madrugada caminando de la mano,
Te quiero para sentarnos a mirar como sucede el tiempo, y como la vida fluye frente a nosotros
Te quiero para bailar, por toda la pista durante toda la noche y verte dar la vuelta
Te quiero para escuchar todos los sonid…

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La herencia de Madame Canaris -Capítulo 10- (Novela)

Angeline Castell Rouge se lo estaba pasando en grande en la playa de Le Touquet. Estaba tan feliz, tumbada sobre la toalla y tomando un poco el sol ya que hacía un tiempo primaveral a pesar de ser octubre, que se puso a cantar y José Roberto Ortero de Jumilla no la quiso interrumpir…

– Tengo millares de estrellas y tengo la luna y el sol y la luz de tu mirada, y la luz de tu mirada dentro de mi corazón. Tengo las nubes del cielo y tengo las olas del mar y si tengo tu cariño, y si tengo tu cariño ya no quiero nada más. Estando contigo, contigo, contigo de pronto me siento feliz, y cuando te miro, te miro, te miro me olvido del mundo y de mí. que maravilloso es quererte así estando contigo, contigo, contigo me siento feliz. Cuando amanece nevando no siento la falta del sol y los copos de la nieve, y los copos de la nieve me parecen de color. Cuando la tarde termina y todo se empieza a nublar mi camino se ilumina, mi camino se ilumina si me vuelves a mirar. Estando contigo, contigo, contigo de pronto me siento feliz, y cuando te miro, te miro, te miro me olvido del mundo y de mí, que maravilloso es quererte así estando contigo, contigo, contigo, contigo me siento feliz. Estando contigo, contigo, contigo de pronto me siento feliz, y cuando te miro, te miro, te miro me olvido del mundo y de mí. Que maravilloso es quererte así estando contigo, contigo, contigo, hablando contigo, contigo, contigo me siento feliz.

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Al final

Había comprendido aquella tarde el mal que le hizo, fue
como si todos esos actos que cometió sin responsabilidad al fin fueran saldados, sólo hasta ese momento fue consiente de cada vez que le quebró el alma, que le hirió de la única manera en que hiere el amor y que acabo una a una con sus aspiraciones…

…La vida se le detuvo en ese momento y aquella sensación que no volvería a sentir si no hasta el día de su muerte le
consumía, no pudo soportarlo más y comenzó a llorar
desconsoladamente pero en silencio, no puedes ir en contra de lo que amas, esa, era la frase que el siempre le repetía, pero que hasta ese día comprendió de manera distinta, arrepentida mientras temblaba escribió

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La herencia de Madame Canaris -Capítulo 9- (Novela)

– ¡Ya estamos aquí, princesa! Este es el número 29 de la rue de la République y esta es la entrada al “Courrier Picard” de Amiens. Entremos.

– Un momento, José Roberto. Voy a soltarme el cabello. Así convenzo más rápidamente a mis admiradores.

– ¡Jajaja! Por eso te he traído conmigo, Angeline.

– Así que ha sido sólo por eso…

– Por eso y por tu insuperable inteligencia.

– ¿También voy a tener que estar callada hoy?

– Nada de eso. Hoy es necesario que hables incluso más que yo cuando estemos metidos en harina.

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La herencia de Madame Canaris -Capítulo 8- (Novela)

– Probablemente se citó con alguien para comer y olvidó del todo su cita conmigo.

Estaba temblando. Era miércoles. Se sirvió otra copa de coñac y miró al cielo tras los cristales de la ventana. Las nubes se estaban acumulando.

– Empiezo a estar un poco cansado de todo esto.

Quizás la lluvia se contuviera hasta después de las once de la noche. Esperó. Si se había contenido durante tanto tiempo, ¿por qué no dos horas más? De pronto estalló el tremendo resonar de un trueno que hizo que derramara el coñac sobre la moqueta.

– ¡No puedes confiar en nadie!

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La herencia de Madame Canaris -Capítulo 7- (Novela)

– Nos quedamos aquí, Angeline.

– ¿En el Novotel Thalassa?

– Si, chavalilla. Me gusta.

Un portero salió a su encuentro.

– Bienvenidos, joven pareja. Si se van a quedar con nosotros pueden meter el automóvil en nuestro parking.

– Vamos, princesa.

Ella no esperó más órdenes y, tras dejar su flamante Peugeot Sport en el parking del hotel, los dos entraron a la Cafetería Restaurante.

– Todavía es muy temprano para cenar, José Roberto.

– Lo sé pero te invito a un vermut.

– ¿Es importante ahora?

– Sí. Mienrtras nos refrescamos un poco la garganta con el vermut puedo pedir una guía telefónica para saber dónde se encuentra el despacho del abogado Benoit de la Colette Saint-Julien D’Arc. ¿Se llama así verdad?

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La herencia de Madame Canaris -Capítulo 6- (Novela)

– ¿Da su permiso, Jefe?

– Pasa, Raymond, pasa. Puedes sentarte sin tanta ceremonia inútil.

El sargento Raymond Pollain Quentin se sentó frente a su Jefe Alain Marlon Brandy Delon.

– ¿Me necesitaba para algo, Jefe?

– ¡Escucha bien, Pollain! ¡Hoy no es mi día ni tampoco es el tuyo! ¿Entendido?

– Bueno es saberlo, Jefe.

– ¡Pues entonces deja de llamarme tantas veces Jefe y hablemos como dos amigos!

– Es que yo sólo soy sargento y usted el el Jefe Inspector Superior.

– ¿Estás buscando que te meta un paquete? Porque si quieres que te meta un puro te meto un puro.

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La herencia de Madame Canaris -Capítulo 5- (Novela)

– Hola preciosa, cómo te está yendo el día.

José Roberto besó en la boca a su bellísima esposa.

– Tengo una sorpresa para ti, José Roberto.

– ¡Me has comprado un nuevo balón de fútbol!

– No. ¡Jajaja! Muchos más jugoso que eso.

– ¡Me has comprado una pelota de playa!

– ¡Jajaja! Tampoco. Algo más sabroso.

-¿Me has comprado una esclava para abanicarme cuando me entre la modorra?

– ¡Jajaja! ¡Te he preparado un cocido madrileño!

– Pues entonces vamos a comer que se hace tarde.

– Pero si sólo son las doce del mediodía…

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La herencia de Madame Canaris – Capítulo 4- (Novela)

– Es usted demasiado puntual, “Joro”…

– Es que necesito ir ganando puntos para poder ganar la partida.

– ¿Se toma esto como un juego? ¡Son solamente las nueve y media de la mañana y estábamos citados a las diez!

– Exacto. Estamos jugando una partida de mus contra el misterio y es necesario ir ganando más puntos que él para que el tiempo no nos derrote.

– Ves a alguien cuyo papel crees que tú podrías hacer, y de inmediato no te gusta como lo hace y no te gusta la obra.

– ¿Cuántas copas ha tomado ya, Brandy?

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La herencia de Madame Canaris .- Capítulo 3 – (Novela)

Cuando Angeline Castell Rouge, José Roberto Ortero de Jumilla y Alain Marlon Brandy Delon llegaron al Café de Nueva Atenas salió a recibirles, en persona, Charles Saura Renoir que, por cierto, era descendiente de españoles por parte de padre pero su madre era pariente lejana del pintor Renoir. Charles se fijó en el bellísimo rostro de Angeline.

– ¡Dios mío! ¿Es posible que tanta belleza se digne venir a cenar aquí?

Le atajó, directamente, José Roberto.

– No solo es posible sino que es verdadero.

– Ante esta belleza sólo se puede pensar que merece la mejor mesa del Café.

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La herencia de Madame Canaris – Capítulo 2 (Novela)

Cuando el Inspector Jefe de la Policía de París, Marlon Brandy, tocó el timbre de la puerta del domicilio del investigador privado José Roberto Ortero de Jumilla, salió a abrir una joven tan monumentalmente bella que él se tuvo que sujetar al quicio de la puerta para no caerse al suelo. Tras unos breves segundos pudo recuperar la voz.

– Me parece que me he equivocado de dirección.

– ¿A quién busca usted?

La voz dulce de aquella belleza de mujer la hacía aún más sexy…

– Esto… no… me parece que me he confundido de puerta…

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La herencia de Madame Canaris – Capítulo 1 (Novela)

“La multitud se arrastraba como un monstruo ciego y sin mente hacia la entrada del metro. Los pies se deslizaban hacia adelante unos pocos centímetros, se separaban, volvían a deslizarse. Howard odiaba a las multitudes”. Marlon Brandy iba pensando en Patricia Highsmith mientras esperaba la llegada del metro en la Estación de Villiers. Había decidido tomar este medio de transporte hasta la Estación de Pigalle. Ir en su propio automóvil le asfixiaba el ánimo cuando la ciudad se llenaba de tráfico. Ahora estaba inmerso en sus pensamientos. Junto a él, dos jóvenes se besaban en la boca mientras él le hacía promesas de fidelidad eterna a ella. Marlon Brandy sonrió ligeramente en el mismo instante en que la llegada del metro les hizo volver a la realidad.

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